Imagen de referencia.

Señor Director:

A los 83 años confieso que he “vivido” encerrado en un departamento, con reducido espacio y en un ambiente tenso y deprimente. El legislador decidió que a los mayores de 75 había que despojarlos de todos sus derechos como ancianos, argumentando la «protección del adulto mayor». ¿Protección de qué? ¿De estar confinado en el último rincón, como un verdadero estropajo ya inservible? En el ocaso de nuestras vidas nos están asestando la estocada final para apurar nuestro último suspiro de vida.

Qué ganas de gritarles a las autoridades que lo que aplicaron es un virtual castigo y no una protección. Y digo castigo, porque no somos los ancianos precisamente los que hacemos fiestas, los que andamos en las playas, los que salimos en auto en pleno toque de queda y tampoco andamos vagando en el centro de la ciudad.

Me pregunto si las autoridades tuvieron la opinión de especialistas como siquiatras o sicólogos para sopesar las terribles consecuencias que nos podrían afectar producto del encierro en que estamos sumidos. Perdimos hasta el rutinario derecho de hacer una insignificante caminata para estirar nuestras piernas.

Vivo, mejor dicho habito, en un edificio y puedo dar fe que ya se están manifestando los primeros síndromes de este cruel castigo, donde vecinos de edad están sufriendo crisis de pánico y cayendo en una profunda depresión. Consta que una vecina a las 3 de la mañana  se puso a gritar sin ningún motivo aparente. El encierro nos está pasando la cuenta.

Con mi señora, que hace poco tiempo sufrió un severo derrame cerebral (el cual afectó sus piernas), al transcurrir los días empezamos a añorar situaciones tan cotidianas como tener pan fresco y crujiente. Pese a sus ruegos le prometí que sí caminaría una cuadra hasta el negocio vecino para ir en busca de ese tesoro. Es cierto, sentía un enorme peso de conciencia por contravenir la cuarentena y siendo las 08:30 horas me aventuré a salir. A  manera de tranquilizar mi conciencia me dije: «si ellos no me respetan por ser viejo, por qué yo tengo que respetar sus normas».

No niego que me abrumaban los temores de ser sorprendido y castigado. Seguí caminando y me encuentro con un perrito que se acercó rápidamente moviendo su colita, al parecer muy feliz de encontrarse con un humano: «Hola, ¿qué tal perrito? Te veo muy alegre y tienes que estarlo, porque a ti nadie te pedirá papel de permiso, ni salvo conducto y puedes ir libremente donde quieras. Eres un privilegiado, porque eres ajeno a los conflictos de los humanos. Me alegro de conocerte y por favor no le cuentas a nadie que te encontraste con un viejo asustado y temeroso, que en principio pensaste que escapaba de un delito. Chao perrito, me diste un momento de mucha alegría y que el Señor te bendiga».

Al llegar al edificio, que se ubica frente al ex Club Hípico, con el valioso trofeo nos abrazamos de felicidad con mi señora, aunque igualmente me regañó por mi conducta. En esos mismos instantes me dice que hay alguna conmoción de los vecinos en el edificio, que miraban por las ventanas el inmenso despliegue de personas y vehículos en el frente ( ex Club Hípico ). Después supimos que se trataba del centro de acopio para la distribución de las cajas de alimentos. Efectivamente ese día pasaron por nuestro lado raudamente una flota de camionetas cargadas con cajas. Al día siguiente sucedió lo mismo y no aparecieron más y nuestros vecinos empezaron a perder las esperanzas. Como las informaciones de las autoridades son ambiguas se decía que había que tener Registro Social de Hpgares y otros decían que no, porque el reparto iba ser para todos, incluyendo a la tan vapuleada clase media.

Seguiremos esperando. ¡Ah! No existe ninguna página en el sistema donde aclarar o reclamar algo y una buena estrategia para que no molesten los que injustamente quedaron fuera.

Por ser viejo no tengo permisos, no tengo espacios libres, no tengo cajas, no tengo confianza en algunas autoridades. No importa, total poseo algo mucho más valioso que todo eso y que es la salud y una familia maravillosa que me enorgullece.

Muchas gracias

Raúl Galleguillos Carrizo

ANTOFAGASTA, 26 de mayo de 2020.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here