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	<title>Gisela Contreras Braña &#8211; Diario Regionalista Antofagasta</title>
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	<description>Entérate de las últimas noticias de Antofagasta, Calama, Tocopilla, Taltal, San Pedro de Atacama, Ollagüe, Sierra Gorda, Mejillones y María Elena, ¡Somos tu voz en la Región de Antofagasta!</description>
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	<title>Gisela Contreras Braña &#8211; Diario Regionalista Antofagasta</title>
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		<title>Columna &#124; Pablo y Constanza: Cuando la comunidad clama justicia, pero la justicia se hace la sorda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 May 2021 02:01:20 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Pablo Díaz tenía 22 años. Constanza Morales 28. Ella egresada de Derecho. Él, estudiante de...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div dir="ltr">
<p>Pablo Díaz tenía 22 años. Constanza Morales 28. Ella egresada de Derecho. Él, estudiante de tercer año de Ingeniería Comercial. Ambos de la Universidad de Antofagasta (UA). No es lo único que tuvieron en común: Los dos fueron víctimas de la imprudencia al volante de conductores irresponsables. Y en ambos casos, a pesar de las evidentes pruebas en su contra, la medida cautelar contra los responsables es la misma: Arraigo nacional y firma mensual.</p>
<p>Lo que parece ser una coincidencia a mi juicio nunca lo es. Constanza fue atropellada el sábado 1 de mayo, mientras paseaba a su perro en la franja horaria deportiva. La responsable: Una mujer de 52 años que se da a la fuga, sin dar ayuda a la víctima, quien es retenida por otros conductores.</p>
<p>Como ocurre en estos casos, los victimarios tienen más derechos que las víctimas, lo que nos impide conocer el nombre de una mujer con una evidente falta de humanidad, tan egoísta que abandona a quien hirió para evitar el castigo. Y nuestra justicia es tan eficiente que lo logra. Hoy esa persona con total falta de compasión camina libre con la única molestia de acercarse a una comisaría 1 vez al mes. El arraigo nacional es una burla por sí misma en la actual pandemia que mantiene las fronteras cerradas.</p>
<p>La historia de Pablo no es muy diferente. Cerca de las 15 horas del 8 de febrero el joven es chocado por un vehículo a exceso de velocidad. Un Toyota Yaris conducido por un conscripto de 19 años, quien –aseguran los testigos- estaba bajo los efectos del alcohol y en vez de ayudar a su víctima, la mueve para luego huir a esconderse al regimiento. Ahí espera 5 horas antes de aceptar que le hagan la alcoholemia. Igual que con Constanza, la obvia intención de evitar el castigo tiene como resultado eso, evitar el castigo. Su legítimo derecho también nos impide conocer y divulgar su nombre, y su medida cautelar es la de arraigo nacional y firma mensual. Qué coincidencia, ¿no?</p>
<p>Hoy las familias de Pablo y Constanza deben esperar 100 días. 100 días para la investigación, dice la Fiscalía. La misma Fiscalía que no investiga los delitos de violación a los Derechos Humanos durante la Revuelta Social, pero que sí investiga y formaliza a los mismos jóvenes cuyas denuncias no investiga. La misma Fiscalía que pone profunda atención a delitos que atentan contra la propiedad y no a esos que atentan contra la vida.</p>
<p>Yo me pregunto: ¿Si en vez de estar en avenida Salvador Allende hubiese sido Travesía del Cerro y en vez de una mascota de casa se tratara de un perro de competición asegurado, la medida cautelar contra la imputada por el atropello de Constanza sería la misma? ¿Y si en vez de un Susuki Alto conducido por un repartidor hubiese sido un BMW con el hijo de un gerente de minera, el hoy ex-conscripto que chocó a Pablo estaría también sin ningún castigo?</p>
<p>Sólo los invito a reflexionar. Y a acompañar a esas familias. Cada vez que marchen por Pablo, cada vez que griten por Constanza. Hasta que la justicia deje de hacerse la sorda. Porque es así. La Ley Emilia es clara y establece penas de cárcel a quien conduzca bajo los efectos del alcohol y cause lesiones o muerte. Y establece también como delito el huir del lugar y el no prestar ayuda a las víctimas. Pero ya lo dije, aquí la justicia es sorda, no importa cuánto le gritemos al oído.</p>
</div>
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		<title>Columna: La otra dictadura</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/09/columna-la-otra-dictadura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Sep 2020 23:01:16 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Yo nací en dictadura. Para el 11 de septiembre de 1973 no era ni siquiera...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Yo nací en dictadura. Para el 11 de septiembre de 1973 no era ni siquiera un proyecto de persona. Pero ese 11 de septiembre determinó mi niñez y me forjó como el ser humano que hoy soy.</p>
<p>No quiero hablar de la dictadura de los detenidos desaparecidos, del dolor de las familias, de la rabia que nos genera la impunidad de los culpables. No, esa ya tiene muchos para recordarla. Hoy deseo hablar de la otra dictadura, esa que se nos metió en el alma, esa que aparejada de la imposición de un sistema económico, nos determina, nos engulle, nos envuelve. Esa dictadura que todavía no acaba.</p>
<p>La dictadura capitalista nació con Pinochet, cuando Milton Friedman, a través de los Chicago Boys, instaló su teoría monetaria en Chile <sup>(1)</sup>. Así, la dictadura capitalista creció bajo el gobierno de facto en la década de los 80, pero se afianzó y se hizo fuerte no con los gobiernos de derecha, sino con los de la Concertación.</p>
<p>Ayer oía en un foro virtual a Ricardo Lagos dando cátedra sobre los temas que debemos abordar en la discusión de la nueva Constitución. Y pensaba: ¡Qué descaro, venir ahora a decirnos cómo actuar cuando ustedes nos dejaron como estamos! Esta Dictadura Capitalista tiene su mayor símbolo en la Constitución de 1980, pero por más justificaciones que esgriman, los políticos como Ricardo Lagos, Andrés Zaldívar, Juan Pablo Letelier, Sebastián Piñera, Pablo Longueira (entre otros, muchos otros), son los verdaderos responsables del sistema macabro que hoy impera. Sus leyes pro capital, pro privatización, pro concesiones, son hoy las responsables de que la desigualdad sea legal. Claro que nosotros sabemos que lo legal no siempre es lo justo.</p>
<p>La Constitución de 80 no es más que la herramienta jurídico-legal que permitió consolidar la transformación del sistema económico chileno a uno con un altísimo PIB, con personas con un elevado nivel de consumo y grandes grupos económicos que son los verdaderos gobernantes del país. Pero también se trata de un sistema económico con la peor distribución de los ingresos, cuyo consumo se apoya en una deuda impagable, que la acumulación de la riqueza de los grandes grupos económicos se sustenta en el dolor de una gran cantidad de compatriotas, se afirma sobre los hombros de nuestros jubilados con pensiones de indigentes, tras años de aportar a la consolidación de ese sistema que hoy los olvida.</p>
<p>Los días como hoy nos obligan a atender a la historia. Indispensable es hacerlo. Inaceptable olvidarlo. Pero solemos centrarnos en los ausentes y vamos que importante es hacerlo. Y en lo importante olvidamos lo urgente. Es que la dictadura no acabó en 1988. Solo cambió de cara, de un dictador algo caricaturesco que nos aseguraba que nos se movía una hoja sin que él lo supiera a otros más invisibles y amables, que sin vergüenza declaran que solo son seres humanos como todos, pero poderosos.</p>
<p>Y estos nuevos dictadores nos engatusan con sus campañas publicitarias, nos envuelven con su responsabilidad social empresarial, mientras se van tragando nuestra vida, nuestra educación, nuestra salud y nuestra dignidad con la esclavitud del consumo. Con su educación de mercado crearon una gran masa incapaz de cuestionar, manipulable y lista para seguir siendo explotada.</p>
<p>Es cierto, es 11 de septiembre y debemos recordar a los muertos. Más cierto aún es que aquí muchos de nosotros seguimos vivos. Y recordamos. Y a pesar de todo, cuestionamos, pensamos, vivimos, creemos en un futuro diferente. Muy a pesar de esta dictadura que no acaba, no permitiremos que se lleven nuestra dignidad ni nuestros sueños. Y lo haremos con una sola palabra: APRUEBO.</p>
<h6><em>(1) El economista estadounidense de origen judío, <strong>Milton Friedman</strong>, fue fundador de la <strong>teoría</strong> monetarista, según la <strong>cual</strong> las fuerzas del libre mercado son más eficientes que la intervención pública a la hora de fomentar un crecimiento económico estable sin tensiones inflacionistas.</em></h6>
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		<title>Columna: La otra Jauría</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/08/columna-la-otra-jauria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Aug 2020 02:18:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El morbo del público hace que la industria de la televisión y el cine produzcan...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4><strong>El morbo del público hace que la industria de la televisión y el cine produzcan series que endiosan a aquellos que se unen para violentar a los grupos que consideran débiles. Así, la serie La Jauría es un premio para ese grupo de españoles brutales. Pero sin consumidores, no habría mercado. Cada vez que miramos uno de sus capítulos, fomentamos delitos. Somos la Otra Jauría. </strong></h4>
<p>Ya hace más de un mes que Amazon Prime Video estrenó La Jauría. Y anunciaron segunda temporada. La gente habla de la serie, si no la viste quedaste fuera de las conversaciones. Inspirada en el incidente español de La Manada, la serie muestra la investigación de un grupo perteneciente a una aplicación móvil, reunidos para agredir sexualmente a estudiantes de un colegio católico.</p>
<p>Hasta ahí la ficción es eso, ficción. Sin embargo, me niego rotundamente a volverme parte de la Otra Jauría. Es que puedo asegurarles que este tipo de programas son la validación de conductas de violencia y que sin duda alguna, le darán ideas a más de alguno para cometer actos similares. Y al tratarse de delitos sexuales, muchos difíciles de acreditar, pasarán totalmente desapercibidos.</p>
<p>No, mis aseveraciones no son una exageración. Ni se trata de ideas lanzadas al azar. Permítanme referirme a otros hechos de violencia donde sí hay estudios y está comprobado que series de televisión, películas, literatura y aparición en noticiarios significan un aumento en esos mismos hechos violentos.</p>
<p><strong>Medios de Comunicación, delincuencia y suicidios</strong></p>
<p>¿Sabían ustedes que existe un concepto llamado “suicidios por imitación”? Este describe el fenómeno que ocurre cuando los medios de comunicación difunden esas muertes de forma irresponsable, principalmente por sensacionalismo o por aumentar las ventas.</p>
<p>De acuerdo a la OMS, cada año 800 mil personas se suicidan y los medios de comunicación desempeñan un papel importante a la hora de informar de manera responsable de esas muertes y contribuir a su prevención.</p>
<p>Este es el primer ejemplo de cómo los medios de comunicación (entre esos, el cine y las plataformas de series como Netflix y Amazon Prime) promueven conductas violentas. Y cómo el público las imita.</p>
<p>No es el único. La delincuencia es otro de ellos. Solo para que lo tengan en consideración, las cifras oficiales indican que Chile es el país más seguro de Latinoamérica. De acuerdo con la Subsecretaría de Prevención del Delito, la tasa de homicidios en Chile es de tres por cada cien mil habitantes al año, cifra muy distante de los 25 asesinatos por cien mil habitantes que se producen en promedio anualmente en Sudamérica.</p>
<p>Aún así, la percepción del público es muy diferente. Vivimos con miedo, producto del tratamiento que hacen los medios a las noticias sobre delincuencia. Bueno, en pandemia las cosas se ven un poco diferentes, ya que casi el 90% del tiempo en televisión trata sobre el Covid-19 (lo que tiene a todos muertos de susto), pero antes el factor miedo era la delincuencia y la mayor parte de nuestros noticieros era sobre delitos violentos. Manipulación de masas.</p>
<p>Y ya que hablamos de delincuencia, me voy a centrar en otro caso que demuestra mi punto: Ámbar y el “Asesino del Tambor”. O es que nadie más se dio cuenta que ponerle ese nombre ya le otorga una posición de poder y un renombre en el hampa a un individuo tan insignificante que necesita quitarle la vida a otro para sentirse un poco mejor consigo mismo. Y no conforme, Carlos Pinto le hace un programa para él solo, le regala visibilización pública, publicidad gratis y una validación a su conducta a través de la misma.</p>
<p>Encima de todo, tras la aparición de su tercera víctima, repiten la famosa entrevista y el señor Pinto se pasea por cuanto matinal lo reciba contando su percepción sobre el asesino durante la entrevista. Si alguien tiene alguna duda de que Hugo Bustamante aumentó su ego con tanta atención, pues yo se lo dejo claro. La “fama” a nivel delictual que otorga la aparición en medios, normaliza la violencia, valida y premia al delito y al delincuente a través de la exposición pública del mismo.</p>
<p>Solo como dato, si googleas sobre el tema encuentras más de 2 mil 800 noticias relacionadas con el mote “Asesino del Tambor”. Y tal como ocurre con la pornografía infantil, donde consumirlas nos vuelve responsables de la fabricación de la misma, el vivir pendiente de este tipo de noticias nos vuelve parte del proceso de su ocurrencia.</p>
<p>Es simple, sin consumidores no hay producto. Sin el público morboso que busca enterarse de los detalles del homicidio de Ámbar, no hay medios dispuestos a difundir esa información. Y sin medios haciéndolos, no hay delitos por imitación.</p>
<p>La misma lógica se traspasa a La Jauría. Encarcelados y todo, los integrantes de La Manada en España se deben regocijar de su acto. Por favor, somos tan brutales que hicieron hasta películas y series sobre nosotros. Así de importantes somos. Y entonces, otros igual de macabros que ellos pensarán: “no es tan mala idea ponernos de acuerdo para hacer lo  mismo, o algo similar” o algo peor.</p>
<p>Entonces, cada vez que encendemos nuestra televisión y vemos un nuevo capítulo, promovemos y normalizamos el acoso sexual y la violación de nuestras adolescentes. No veo qué nos hace menos responsable de eso que de la pornografía infantil. Somos la Otra Jauría.</p>
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		<title>Columna: ¿Y cuándo cuidamos Antofagasta? (sobre la gestión de residuos orgánicos domiciliarios)</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/08/columna-y-cuando-cuidamos-antofagasta-sobre-la-gestion-de-residuos-organicos-domiciliarios/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Aug 2020 23:19:43 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Y tenemos nuevo alcalde. Polémicas más, polémicas menos, lo cierto es que el nuevo edil...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Y tenemos nuevo alcalde. Polémicas más, polémicas menos, lo cierto es que el nuevo edil tiene la oportunidad de (en un tiempo en exceso reducido) abordar temáticas que históricamente han sido evadidas por todas la anteriores administraciones municipales.</p>
<p>Así que de entradita y sin rodeos le voy a preguntar al actual alcalde: ¿Usted si va a cuidar a Antofagasta? Porque en una ciudad como la nuestra, con severos problemas medioambientales, con uno de los vertederos más conflictivos del país, niveles de contaminación por metales pesados que nos han llevado a tener estadísticas de cáncer peores que las que enfrenta Chernóbil después de una explosión nuclear, resulta tragicómico ver cómo el tema se ha limitado a regar áreas verdes y pelearse con el Gobierno Regional por abrir un relleno sanitario que, lejos de solucionar nuestro severo problema de basura, sólo lo traslada un poco más lejos de las casas y nos deja otro tema más problemático aún. Nos referimos a los camiones que deben bajar por Salvador Allende, histórica arteria conocida como la “bajada de la muerte”, debido a la gran cantidad de accidentes provocados por el corte de frenos debido a la pendiente.</p>
<p>Déjenme ponerlos en contexto. La nuestra es una ciudad con una población estimada de 423.531 personas (si le aplicamos la tasa de crecimiento a los datos del último Censo). De acuerdo a la último Reporte de Residuos Sólidos, cada uno de ellos elimina diariamente 1,22 kilos de basura. Si multiplicamos ambas cifras descubriremos que la ciudad elimina diariamente 516.707 kilos de basura, aproximadamente.</p>
<p>Eso es una gran montaña de residuos. Y cambio el concepto, pues de esa gran montaña, el 25% son residuos sólidos reciclables (cartones, vidrios, plásticos y otros así), el 58% son residuos orgánicos y sólo un 17% podría considerarse basura propiamente tal (si es que es basura en realidad).</p>
<p>A mí me gusta llevar esto a cosas prácticas. Actualmente cada camión de basura puede llevar 19 toneladas de residuos. Eso son casi 30 camiones diarios que van al relleno sanitario. Ahora bien, de esos, 7 son de cosas que podríamos reciclar y 16 son de todos esos desechos que salen de nuestras cocinas cada día. Cáscaras, cuescos, corontas, semillas, hojas, y un montón de otras cosas que son la verdadera causa de las moscas, ratones y baratas, además de los malos olores, líquidos percolados y gases de efecto invernadero. Sí, los mismos que causan el cambio climático, responsable de que ahora llueva en Antofagasta.</p>
<p>Dicho de este modo, usted podrá ver que el verdadero responsable en realidad eres tú. No son las industrias, no es el Gobierno, no es el Puerto ni el Ferrocarril. Bueno, ellos son responsables de otras contaminaciones, pero de la de los residuos sólidos no. De esa cada uno tiene su bolsota de basura en la espalda y me parece que es tiempo de que empecemos a hacernos cargo de ella.</p>
<p>Pero el problema no es solo en el norte. Actualmente, solo el 13% de los municipios de Chile tiene alguna iniciativa tendiente a solucionar este problema en específico. Y no, la de Antofagasta no tiene ninguna iniciativa real. Si un par de intentos, de esos donde la antigua alcaldesa pintaba un contenedor de color rojo, le escribía “Orgánicos”, se sacaba una foto y después su equipo de prensa hacía un gran lanzamiento. Pero después, nada más pasaba. Así, se repartieron contenedores en el sector Coviefi en el 2016, se comenzó un compostaje en el Parque Juan López en el 2017, y se anunció que en Santa Marta se trabajaría el tema, pero ninguna de esas iniciativas está hoy en ejecución.</p>
<p><strong><em>ENRO: Una posible solución </em></strong></p>
<p>Y cómo se trata de una problemática de verdadera importancia, el Ministerio del Medio Ambiente decidió tomar cartas en el asunto y el pasado 4 de agosto lanzó la Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos (ENRO). Todos unos héroes. Pero como todo en esta administración, adivinen: TIENE LETRA CHICA.</p>
<p>De acuerdo a lo declarado en la ENRO, se trata de una propuesta que “busca dar un vuelco en la forma en que nos organizamos como sociedad para hacernos cargo de los residuos que generamos”. Para lograrlo, proponen pasar de un 1% a un 66% de valorización de los residuos orgánicos generados a nivel municipal para el 2040.</p>
<p>Aquí ya empezamos con las sutilezas. Con “valorización” no se refieren a ponerle un valor económico a los residuos, sino a la cantidad de residuos de los que cada municipio deberá hacerse cargo. Actualmente, es menos del 1%. Y la Estrategia busca que en 20 años ese porcentaje llegue a 66%.</p>
<p>Y para hacerlo propone cosas bastante concretas, como lograr que los municipios gestionen un 30% de los residuos orgánicos generados en cada comuna al 2030, tener 5 mil establecimientos educacionales con composteras o lombriceras (así es cómo podemos reducir de forma casera los residuos), que la mitad de las instituciones públicas separen en el origen los residuos (o sea, en cada oficina basureros para cada cosa, lo que servirá de poco si luego el camión de la basura va y mezcla todo, como ocurre actualmente) y que 500 mil familias tengan una compostera, entre otras acciones.</p>
<p>Ese sí sería un mundo ideal. Imagínenlo, la mitad de las casas de Antofagasta haciéndose cargo de sus orgánicos, lo que genera abono. Entonces, todas esas casas usarían el abono para tener balcones, entradas o antejardines más verdes. Pasaríamos de desierto a trópico en 10 años.</p>
<p>Pero como no todo es maravillas, paso a la letra chica. Dice la ENRO que “la dimensión financiera que permita viabilizar esta Estrategia es un nudo crítico. Además de hacer uso de los instrumentos existentes de inversión pública y concursos, requiere abordar el histórico déficit municipal en cuanto a la gestión de los residuos. Es fundamental avanzar, paulatinamente, <em>hacia el cobro a las personas por los residuos que ellas generan</em>”<em>.</em> Lee usted bien, la idea a mediano plazo no es enseñarle a usted a hacerse cargo del asunto, sino cobrarle para que otro venga a hacerlo.</p>
<p>Y con otro no me refiero a alguna organización medioambientalista o a los amigos de Ecorayén o La Lombriz, organizaciones que llevan ya varios años haciendo educación ambiental para que sean los ciudadanos los que trabajen el asunto. No, para la ENRO “es clave que los privados también puedan orientar sus inversiones para proveer las soluciones en este ámbito. Para ello, también deberán existir incentivos claros que permitan viabilizar proyectos privados”. Y bueno, la única forma en que grandes empresas inviertan es asegurándoles ganancias y esas saldrían del cobro directo (su bolsillo) o de “incentivos”, es decir, fondos de gobierno o exenciones de impuestos (o sea, el bolsillo de todos los chilenos, y al final, el suyo también).</p>
<p>Para gestionar residuos orgánicos solo se necesita paciencia y cariño por el planeta. Basta un hoyo en el piso, y los microorganismos harán lo suyo. Si quiere apresurar el asunto, le agrega lombrices, pero esas no son propias del desierto, así que debe insertarlas. Y cuidarlas como se cuida una pecera, pues son seres vivos. Maravillosos, capaces de cosas impresionantes como limpiar incluso aguas servidas, pero deben cuidarse.</p>
<p>¿Por qué un privado transformaría en negocio algo tan simple? La respuesta está en los posibles productos de los residuos orgánicos. No solo son abono y gases que pueden utilizarse de forma industrial (como el metano), sino que también hay otros como el biodiesel, pero también los biopesticidas. Y de ahí a terminar en esto igual como pasó con las semillas y Monsanto hay un paso muy corto.</p>
<p>Es más, como todo lo que se hace en Chile, esta estrategia tiene un componente de participación ciudadana. Hasta el 15 de septiembre se le podrían hacer consultas o sugerir cambios. La página para hacerlo es <a href="http://consultasciudadanas.mma.gob.cl/">http://consultasciudadanas.mma.gob.cl/</a>, solo que al menos en la última semana no se ha podido ingresar a esa web. Coincidentemente, está caída. Ojalá sea un tema técnico que se solucione pronto.</p>
<p>Y, para variar, los esfuerzos por difundirla y promover la participación ciudadana se dieron principalmente en la Región Metropolitana y algunas al sur de la misma. Aparentemente, en el norte como somos desierto, la gente no debe comer verduras y no debemos generar estos residuos como para que nos interese el tema.</p>
<p>Así que hablar con el alcalde o alcaldesa de turno (no sabemos quién seguirá ahí luego de las próximas municipales) sobre este asunto no es cosa de largo plazo. Concordemos en que nuestra comuna no tiene NINGÚN AVANCE en materia municipal al respecto. Se los dejo ahí, como una nueva preocupación para quien quiera ponerse este poncho.</p>
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		<title>Columna: Cuando la desigualdad se vuelve romance</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/08/columna-cuando-la-desigualdad-se-vuelve-romance/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Aug 2020 04:07:13 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Hace unas semanas veía las noticias en los canales regionales de TV. Con alegre entusiasmo...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unas semanas veía las noticias en los canales regionales de TV. Con alegre entusiasmo mostraban a un grupo de personas que cocinaban para sus vecinos. Mientras, en otro canal un chef local conocido por sacar adelante un Nodo Gastronómico, solidarizaba con otro grupo de vecinos cocinando para ellos durante la pandemia. En esas imágenes, la acción de cocina colectiva era una expresión de romántica solidaridad de líderes sociales y no con la simpleza de la identidad de las ollas comunes.</p>
<p>Es que los diferentes medios de comunicación, los personeros públicos y los de cargo de elección popular parecen ver el tema de las ollas comunes como una anécdota de pandemia y no como lo que son: la reacción colectiva de la ciudadanía frente al hambre.<br />
De acuerdo con la definición del Diccionario de Americanismos, la olla común es “comida que se prepara con el aporte de varias personas, para indigentes o víctimas de algún desastre natural”.</p>
<p>Sin embargo, la acción colectiva de unir fuerzas entre los vecinos para alimentarnos en una crisis es mucho más que eso. Como señala la sicóloga y antropóloga Clarisa Hardy en su libro «Hambre + dignidad = ollas comunes», estas acciones solidarias no fueron un fenómeno propio solo de un período. En distintos momentos de la historia de Chile existieron coyunturas que suscitaron la organización de ollas comunes, como huelgas o crisis económicas. La diferencia con lo ocurrido durante la dictadura, según la autora, es que éstas no eran solo transitorias ni instrumentos de denuncia, sino que fueron «respuestas más estables y permanentes de los sectores populares para sobrevivir». (<a href="http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-542753.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-542753.html</a>).</p>
<p>Y en nuestra región el tema resulta una paradoja. Con un ingreso promedio mensual de $692.531 y un PIB a la altura de una ciudad europea, no nos explicamos la existencia de más de 70 de estas iniciativas solo en Antofagasta, de acuerdo al último catastro entregado por la Asamblea Comunal Antofagasta.</p>
<p>Si bien diferentes organismos (como la Municipalidad, el Gobierno Regional, el Observatorio de Políticas Públicas de la UCN y la Asamblea Comunal Antofagasta) no llegan a un consenso respecto del número exacto de ollas, la razón del surgimiento explosivo de las mismas está muy claro.</p>
<p>La desigualdad alcanza expresiones memorables en Antofagasta. La ciudad con uno de los ingresos promedio más grandes del país tiene a más del 60% de sus habitantes afiliados a FONASA y de acuerdo al último informe del INE, la tasa de desocupación fue de 12,4%, cuatro puntos porcentuales más que en el mismo trimestre móvil del año 2019.</p>
<p>Y no es la única estadística que lo justifica. En nuestra región se estima que 40 mil personas perdieron su trabajo en el último año y hay 12.529 trabajadores acogidos a la Ley de protección del empleo, al 26 de julio de 2020.</p>
<p>Un escenario que desmoronaría a cualquiera. Y sin embargo, la reacción de la población no es desmoronarse, sino buscar soluciones colectivas, porque la olla común se terminó transformando en una vía más estable y segura para satisfacer nuestras necesidades básicas de alimentación que todos los programas de Gobierno, que prometían mucho, llegaron a atender cuando ya vamos de salida de la crisis de salud.</p>
<p>Permítanme detenerme un poco más en el concepto de olla común. Es ella una manifestación de rebeldía política en contra de un sistema que exacerba el individualismo, la máxima expresión de cooperación, apoyo mutuo y cuidarnos entre nosotros. Además de alimentarnos, la olla nos ha permitido conocernos, recuperarnos como vecinos, organizarnos.</p>
<p>A diferencia de su primo, el “almuerzo solidario”, la olla es una expresión colectiva de dignidad que bajo ningún punto de vista incluye la idea de caridad, porque la caridad tiene ese dejo de desdén soterrado de ese que viene a salvar al desposeído y más necesitado. Nunca surge de la necesidad de satisfacer el ego de algún pseudo líder social o del deseo de alguien con ambiciones políticas con la necesidad de mejorar sus posibilidades en la próxima elección.</p>
<p>Por ese motivo, se convierten en un botín apetitoso para los politicastros de siempre que ven en ellas posibilidades eleccionarias; y para los personeros públicos, que ven el ellas la posibilidad de institucionalizar un movimiento social caracterizado precisamente por no responder a estructuras tradicionales. Éstos últimos las ven también como una forma de obtener información sobre las personas que lideran estos movimientos, sin lograr entender aún que la movilización social tiene una organización horizontal sin líderes no dirigentes.</p>
<p>Es más, bastó con el anuncio de apoyo en dinero en efectivo para que el catastro de ollas comunes aumentara sospechosamente. En algunos sectores se inscribieron para el aporte 3 o 4 iniciativas en un sector de 4 cuadras a la redonda, y en otros, se declararon “ollas comunes” a iniciativas personales que dieron almuerzo solo una vez, pero igual solicitan el aporte municipal. Es el resultado de intentar intervenir un acto en esencia revolucionario que cuida su autonomía por sobre todo.</p>
<p>Pero es también otra manifestación de la desigualdad normalizada en nuestra sociedad. En una ciudad donde existen personas que de forma permanente ven a otros vivir una realidad que no está a su alcance, no podemos pedir que no intenten obtener algo a favor cuando surge la oportunidad.</p>
<p>Es que las ollas comunes me recuerdan un poco a esas historias de amor romántico, esas donde alguien trata de aprovecharse de las necesidades y debilidades del otro, pero que nos venden como cuentos de hadas. Aquí, igual, hay muchos que buscan “romantizar la desigualdad”. Es solo que las verdaderas Ollas Comunes no son ni serán esa “inocentes criaturas” que caen en la trampa del príncipe azul.</p>
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		<title>Columna: Loca de poder y política&#8230; o el efecto del virus de altura</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/08/columna-loca-de-poder-y-politica-o-el-efecto-del-virus-de-altura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Aug 2020 16:16:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Sentada en mi escritorio comienza a sonar mi celular de forma insistente. Son mensajes de...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Sentada en mi escritorio comienza a sonar mi celular de forma insistente. Son mensajes de diferentes redes sociales. La Dirección de Jurídica de la Municipalidad tomó conocimiento de la suspensión del cargo de la alcaldesa. Otro paso más en el caso judicial que se sigue contra nuestra “primera autoridad comunal”, pero que ella llevaba ya varias semana obviando, como si el juicio y cualquier cosa que de él se derivara no existiera.</p>
<p>Y en la tarde, me llegó la respuesta de Karen Rojo. En un video en primerísimo primer plano, veo a Karen Rojo emitir afirmaciones que sin sorprenderme, sí me impresionan. Parte asegurando que “ha existido información muy malintencionada que ha llevado a confusión y, por supuesto, a generar una imagen negativa a mi persona”, refiriéndose sobre sí misma así, en tercera persona. Luego explica cómo, desde el 2012, un grupo de personas intenta sacarla del cargo por “secretaría”, bajo su creencia de que esas personas sin nombre y sin cara “no pueden entender que Antofagasta progrese de la mano de una mujer joven en la política”. Luego asegura que el amor de sus vecinos es y será incondicional.</p>
<p>¿Por qué me detengo en estas declaraciones? Por una razón simple: son un ejemplo claro y muy concreto de un mal que ha infectado a la política: el virus de altura. No es un término mío, la diputada Laura Rodríguez lo descubrió a principios de los 90 y hoy, casi 30 años después, es una epidemia de consecuencias mucho peores que las del covid.</p>
<p>Karen Rojo utiliza durante su declaración otras frases interesantes en las que nos detendremos después. Primero les hablaré del virus de altura y sus síntomas. Laura Rodríguez lo definió como “lo que le sucede a toda la gente que llega al poder. Yo lo veo más con los políticos, en el Parlamento, pero suele pasarle a todo el mundo que tiene un pedacito de poder. Es como un virus, porque uno se contagia y todo, hay una sintomatología, el que lo padece se siente de una cierta manera, adopta hasta posturas corporales especiales, anda más paradito, mira a todos en menos. Si hay síntomas y contagio, también hay antídotos” (entrevista a Laura Rodríguez en revista Apsi N°413, del 10 al 23 de febrero de 1992: “Yo no soy mis presas”).</p>
<p>Mucho más evidente en políticos y artistas, el virus de altura afecta a toda persona que posea una cuota de poder. Y con poder nos referimos a cualquier posición que te permite estar por sobre otro ser humano. Un jefe, un profesor, la persona que te recibe en la consulta médica y decide si podrás ser atendido o no, y cuándo. Es decir, el virus de altura es lo que le pasa a la persona sicológicamente con el poder. No lo sufren solo aquellos que tienen cargos públicos. Le pasa al que se compra un auto, quien de seguro siente poder sobre los peatones.</p>
<p>Otro de sus síntomas es la disociación con la realidad. Nuestro actual sistema político genera en nuestros representantes, en todas sus esferas, una separación entre la realidad de un ser humano normal y la de quien ejerce un cargo público. Son privilegios en todo orden de cosas, desde no hacer una fila o usar un estacionamiento especial en pleno centro, hasta la administración de grandes sumas de dinero para realizar acciones para el beneficio de todos o de unos pocos.</p>
<p>Y no hablamos solo de los parlamentarios, ministros o cualquiera en el cargo de elección popular. La cuota de poder rebalsa también a sus “ayudantes” que en nombre de su “jefe” acceden a algunos de esos privilegios, y de paso poseen el mayor privilegio de todos: entregarle la información al politicastro. Uno de los mayores responsables de esta disociación con la realidad son estos personajes, pues entregan la información a medias, impiden que las personas se acerquen a sus representantes a exponerles sus problemas, acomodan datos para hacerse indispensables y no perder el sueldo y la mínima cuota de poder que les otorga su trabajo.</p>
<p>Y de forma permanente zumban a su alrededor frases de falso amor de la gente, asegurándoles que todo lo hacen bien, que son magníficos, que todo está perfecto y que no existen detractores, sino enemigos que lo hacen por envidia y no porque su gestión pueda ser perfectible, cuando la verdad es que todas las gestiones son perfectibles. Así, el personero en cuestión obtiene una realidad alternativa, que unida a los privilegios del cargo, termina afectando su discernimiento hasta convertirse casi en una patología psiquiátrica.</p>
<p>“Por eso me reeligieron (por el cariño de los vecinos) y eso es algo que no pasaba hace casi 20 años en la comuna de Antofagasta”. Esa afirmación de Karen Rojo es un ejemplo claro. Ella de verdad está convencida de esta realidad. Esa es su realidad. Los hechos concretos son que meses antes de la contratación de Izquierdo (causa de su procesamiento jurídico) su nivel de rechazo era cercano al 90% y que de no ser por la asesoría de la empresa Main ella no habría sido reelecta. El otro hecho concreto es que en una realidad donde menos del 20% de los electores vota, pensar que lo obtenido en las urnas se mantiene durante el ejercicio del cargo es una creencia demasiado inocente. En un universo de 124 mil votantes, tener el voto de 30 mil es mucho menos que la mayoría. Y en una ciudad con 300 mil vecinos (y otros tantos más de población flotante) esos 30 mil votos se vuelven un número marginal.</p>
<p>A ratos me cuestiono si la tozudez de Karen Rojo responde a su interés por aportar al desarrollo de la ciudad o se trata más bien de una aspiración personal de éxito y prestigio para darle sentido a su vida. Es que oírle frases del tipo “Contraloría y Fiscalía actúan fuera del marco legal” (o sea, en boca de alguien que ha reinterpretado las leyes a su arbitrio para su conveniencia personal), “existe un grupo de personas que pertenecen a confabulaciones medias oscuras que han intentado sacarme del camino” (en una clara manifestación de paranoia un poco esquizoide muy propia de algunos sociópatas) o “son cosas antidemocráticas que están ocurriendo en nuestra comuna”.</p>
<p>Pues bien, la democracia de Karen Rojo no es precisamente la más justa, si lo pensamos bien. Bastaría preguntarle a todas esas organizaciones o juntas de vecinos que quedan fuera de fondos municipales solo por criticar abiertamente la gestión de la alcaldesa.</p>
<p>Mientras la alcaldesa asegura que ningún tribunal en Chile ha determinado que ella está suspendida, yo leo la respuesta del Tribunal de Elecciones que claramente dice que en estos casos opera el solo “ministerio de la Ley”, es decir, no es necesario que ningún tribunal determine la suspensión. Cuando el ciego no quiere ver y el sordo no quiere oír, no importa cuánto le digamos y le mostremos, y este es un caso muy clásico.</p>
<p>No sabemos bien que ocurrirá con Karen Rojo y su suspensión. Su ausencia el día viernes respondió a un “día administrativo” y no a la decisión de acatar la legislación vigente. Su abogado ya anunció que se apelará a esta decisión, mientras el TER acogió la solicitud de retirarla del padrón electoral, el vacío legal al que se aferraba su defensa para argumentar que la suspensión no era efectiva aún.</p>
<p>A mi me resta solo decir que me preocupa enormemente saber que los destinos de mi comuna radican en una persona tan evidentemente enferma de Virus de Altura, pues uno de los síntomas principales de la enfermedad son la falta de humildad para aprender, es decir, creer que uno se las sabe todas. Seguro eso les suena conocido. Y se va produciendo el distanciamiento sicológico y entonces lo que la gente opina pasa a ser menos importante. Entonces, las decisiones que nos afectan a diario no tendrán que ver con nuestras reales necesidades, sino con la visión de alguien cuya percepción está trastocada, alguien que de verdad se siente por sobre la ley y cree que sacar dinero de la educación y salud para mantenerse en el poder es válido, porque el monto fue bajo.</p>
<p>Solo dejarles la invitación a leer el libro “El Virus de Altura (sobre escritos e ideas de Laura Rodríguez)”, Juan Chambeaux. Seguramente después de hacerlo entenderán un poco mejor el accionar de la señora K y de muchos otros de los integrantes de la clase política.<br />
Para obtenerlo, visiten <a href="https://laurarodriguez.cl/portfolio-item/el-virus-de-altura/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">https://laurarodriguez.cl/portfolio-item/el-virus-de-altura/</a></p>
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		<title>Columna: Traduciendo los conceptos básicos del «modo Coronavirus»</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/07/columna-traduciendo-los-conceptos-basicos-del-modo-coronavirus/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jul 2020 18:50:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[¿A nadie le ocurre que tras leer titulares varios o ver noticias en la televisión...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿A nadie le ocurre que tras leer titulares varios o ver noticias en la televisión piensa que es casi el fin del mundo? ¡AHHHHHH, MORIREMOS TODOS, POBRES Y CESANTES! ¡Y encima por algo que ni siquiera entendemos bien!</p>
<p>En medio de mi angustia, ayer oía a nuestra bien hablada seremi de Salud entregando el informe diario. La “Soa Rossana”, con sus erres y ceaches bien marcadas, me informaba que la trazabilidad de nuestra región nos ponía en un punto complejo de la vigilancia epidemiológica, dado que el porcentaje de positividad, si bien había bajado de un 44 a un 39 por ciento, no aseguraba que los casos sospechosos fueran los mismos que los casos confirmados, manejados por la salud primaria mediante la plataforma EPIVIGILIA.</p>
<p>Y lo dijo sin respirar. Por una fracción de segundos admiré a la “Soa Rossana”. Entonces, el otro lado de mi cerebro despertó de la modorra del encierro y me lanzo un WTF a la cara, como dirían mis hijos preadolescentes.</p>
<p>Si alguien había entendido semejante trabalenguas de conceptos médicos es porque seguro ese alguien es médico o estudió algo relacionado con el tema. Porqué nosotros, los simples mortales que vivimos asustados por este virus, no entendimos absolutamente nada.</p>
<p>Así que me puse a pensar en todas esas personas que no entienden esos conceptos, y en todas esas notas de prensa que lo único que hacen es aumentar más y más esas diferencias. Y recordé a un maestro que alguna vez me dijo que el fin de los medios de comunicación es informar, educar y entretener. Pero si no nos preocupamos de usar un lenguaje que sea entendible para todos, no solo no educamos, de paso desinformamos y al final, nos volvemos aburridos.</p>
<p>Y para homenajear a mi profe, me di a la tarea de traducir algunos conceptos básicos del “modo coronavirus”, desde el docto lenguaje médico a uno más cotidiano.</p>
<p>Partamos con Pandemia. Oímos la palabra unas 50 veces al día. Pues bien, cuando una enfermedad es muy contagiosa y afecta a muchas personas en un lugar como una ciudad o un país, eso es una epidemia. Lo explico porque una pandemia es una epidemia de grandes dimensiones. Tan grande, que pasa de país en país. Algo así como una enfermedad con pasaporte. El Coronavirus es como un microbio de exportación. Si es malo o bueno, si muta y se pone buena o mala persona, eso lo sabe otro, yo solo defino el concepto.</p>
<p>Pues bien, como se trata de un virus que gusta de viajar por el mundo, se volvió importante aprender a contarlo y también a descubrir de donde viene y para donde va. Ahí surgen dos conceptos muy sonados: positividad y trazabilidad.</p>
<p>El primero, la positividad, no significa que es positivo lo que nos pasa y el virus nos volverá una sociedad muy optimista. No. Se refiere a la cantidad de resultados positivos de los exámenes que se hacen. Para hacerlo más simple, a usted le toman una muestra de algo (sangre, saliva o moco) y si dentro encuentran partes del virus o anticuerpos anti coronavirus, entonces usted es positivo. Justo eso. Aquí yo le explico que hay dos formas de saber si usted tiene o no Covid. Primero, el IGM o IGG, es un examen que no descubre el famoso virus (no, ese parece ser más escurridizo que el 10% de la AFP), sino los anticuerpos contra él. O sea, tu cuerpo genera defensas y esas son las que nos dicen si somos positivos o no. El otro (el mentado PCR) busca “trazas” del virus, fragmentos de él. Una parte del centro, alguna de las puntas, algo que asegure que el microbio ese anda escondido por ahí, en alguna parte del cuerpo.</p>
<p>En fin, ¿qué era la positividad? Le respondo: es la cantidad de casos positivos de todos los exámenes aplicados. Antofagasta tiene hoy un 39% de positividad. Eso significa que de 100 exámenes tomados, 39 tienen coronavirus. No es tan difícil cuando lo decimos en lenguaje común y sin tanta parafernalia.</p>
<p>Solo como dato, la única forma de bajar la positividad es haciendo más exámenes. Cuando el porcentaje baja no significa que nos contagiamos menos, significa que el Gobierno por fin siguió la recomendación de la Organización Mundial de la Salud e hizo todos los exámenes necesarios.</p>
<p>Hay una forma de detener los contagios. Cuando tienes a alguien con síntomas y se confirma que tiene corona (suena como si todos ahora somos de la realeza, todos podríamos resultar con corona, una ciudad llena de príncipes y princesas), entonces debes saber quién te traspasó el virus y a quien se lo pasaste. Esto es como una carrera de postas donde alguien va anotando cada vez que se pasa el bastón hasta cubrir a todos los contagios y a todos los posibles contagios. Eso, amigues, es la trazabilidad.</p>
<p>Y es un concepto adaptado de otra parte. Se usa generalmente para los remedios e insumos médicos y cerciorarse que sean seguros para los pacientes, pero ahora se aplica también a pacientes covid, sus familias y/o contactos directos, es decir, cualquiera que haya estado tan cerca como para contagiarse y entrar a la “familia real”.</p>
<p>Cómo ya nos hemos extendido demasiado en esta entrega, prometo seguir oyendo el informe de la “Soa Rossana” y así seguir descubriendo otras palabras complejas e inentendibles para traducirlas en una columna futura.</p>
<p>Por ahora trazaré un positivo futuro en mi mente, a la espera de que finalmente nos liberen de esta cuarentena, con el 10% de la AFP en mano para reactivar la economía.</p>
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		<title>Columna &#124; El efecto “caja de ayuda”: La aplastante oferta y demanda de la “solidaridad”</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/07/columna-el-efecto-caja-de-ayuda-la-aplastante-oferta-y-demanda-de-la-solidaridad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Jul 2020 23:45:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Ya, es cierto que la pandemia nos tiene pasándola mal. Los niveles de pobreza aumentan,...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ya, es cierto que la pandemia nos tiene pasándola mal. Los niveles de pobreza aumentan, los grupos vulnerables caen en una pobreza mucho más profunda y quienes habían logrado salir de ahí van de vuelta. Y es cierto que es necesario ayudar. Pero, una vez más, la medida propuesta por este gobierno paternalista trae consigo consecuencias invisibilizadas que terminamos pagando los de siempre: la clase media.</p>
<p>Oferta y demanda. Una de las leyes más simples en esta economía de mercado. Una de las más conocidas. A mayor oferta, disminuye la demanda, los precios bajan. A mayor demanda, menor oferta, los precios suben.</p>
<p>Entonces, ¿qué cree usted que ocurre cuando, de golpe y porrazo, alguien demanda al mercado cientos de miles de cajas con abarrotes? Obvio, la demanda aumenta, la oferta disminuye y el precio aumenta.</p>
<p>Y así, no conformes con estar con Plan de Protección del Empleo y casi un 40% menos de sueldo, encerrados en cuarentena y sin calificar para ningún aporte del Estado (porque según ellos si dos personas ganan más de 700 mil en una familia, entonces estamos en el mismo grupo que Luksic), nos cae la ley de oferta y demanda como paredón para rematar nuestra alicaída economía familiar.</p>
<p>En palabras simples, las miles de cajas repartidas al grupo más vulnerable hicieron que esos productos de primera necesidad como azúcar, aceite, harina, legumbres, huevos y fideos, subieran de precio. Así, a simple ojo, ese aumento ronda en el 30%.</p>
<p>Entonces, una vez más, aquí la clase media paga. Y no se trata de ser poco solidarios con los más vulnerables, sino de un principio igual de humano: reciprocidad. Estamos cansados de solo dar y aportar a este país, de sustentar su economía, de ser la fuerza de trabajo que respalda a esta nación, para recibir de vuelta solo más y más exigencias. Paga el IVA, paga la patente, paga imposiciones, paga la AFP, paga la salud, paga la educación, paga los servicios básicos. Solo nos falta que nos digan paga por caminar en la calle, por respirar y recibir la luz del sol cada mañana.</p>
<p>Y permítanme detenerme en esto de la reciprocidad. No se trata de dar y recibir en la misma medida de un valor monetario, sino del reconocimiento de tu valor en la sociedad de acuerdo a parámetros básicos de respeto.</p>
<p>Es más, la idea de apoyar a grupos vulnerables era una oportunidad única para fortalecer la economía local. Un sistema similar al almacén solidario del Padre Berrios o de tickets permitirían a la gente tener productos de acuerdo a sus necesidades, pero además haría que pequeños comercios no solo se mantuvieran vivos, sino que incluso pudieran generar empleo y disminuir un poco esos índices nefastos de cesantía que tenemos hoy.</p>
<p>Volvemos a la reciprocidad, pues precisamente una acción de ese tipo es un ejemplo de la reciprocidad que demostraría respeto a la clase media. Sin embargo, solo vemos los eternos negociados entre la clase política con sus amigos, familiares o ellos mismos, en sus grandes empresas ocultas bajo el fideicomiso ciego. Peor aún, en la última semana vemos las desesperadas acciones del gobierno para detener nuestra legítima demanda de retirar nuestro 10% con ofertones de bonos, prestamos y otras acciones más que, lejos de conformar a la clase medias, nos resultan ofensivas. No por la propuesta en sí, sino más bien porque la posibilidad de apoyarnos estuvo siempre y nos han tenido pasando pellejerías por 4 meses, cuando era innecesario.</p>
<p>Es que tanto anuncio nada tiene que ver con apoyar a las familias afectadas por la pandemia, se trata de ver cómo seguir protegiendo a esos que han usufructuado de nuestros fondos previsionales todos estos años. Se trata de evitar que vendan los bonos, de evitar la enajenación de las acciones para obtener el activo necesario para pagar los retiros, se trata de evitar que las bolsas caigan, que las rentabilidades caigan aún más, que su economía de papel sucumba ante el legítimo deseo de esta clase media empobrecida.</p>
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		<item>
		<title>Columna: #DóndeEstáLaPlata (a propósito del debate sobre retiro de fondos de AFP)</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/06/columna-dondeestalaplata-a-proposito-del-debate-sobre-retiro-de-fondos-de-afp/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 03:21:58 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[De más está hablar de lo compleja que es la situación producto de la pandemia....]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>De más está hablar de lo compleja que es la situación producto de la pandemia. De una pandemia que viene después de un estallido que ya nos tenía complicados. De más está hablar de los desatinos del gobierno, de las eternas desigualdades y los miedos que nos angustian.</p>
<p>A ratos resultaba interesante ver las probables soluciones. Sin importar cuál de esas soluciones se aplican o no, y cómo se financian, me quiero detener en una propuesta de la que mucho se habla últimamente: El retiro del 10% de la plata que tienes en la AFP.<br />
El retiro de los fondos previsionales es un tema profundamente discutido. Pero sin importar cuál sea la propuesta y quien esté a la cabeza del gobierno, el resultado siempre termina siendo el mismo: esa plata no la tocas, por el contrario, se sigue inyectando capital a un sistema que no funciona.</p>
<p>Yo en esta parte recuerdo mis clases de economía básica. Y un concepto que seguramente no explicaré nada de bien a los ojos de un economista, pero que le ayudará a una persona común y corriente a entender de lo que hablo. Creación de capital.</p>
<p>Verá usted. Si yo tengo 10 pesos y los pongo en el sistema de capitales, mis 10 pesos no quedan físicamente en el banco. No. El banco tomará mis 10 pesos y se los prestará a alguien. Entonces, en capital existen ahora mis 10 pesos y los 10 de la deuda. O sea, tenemos 20 pesos. En algún momento, esos 10 volverán al banco, pero con los intereses, el deudor seguirá debiendo. Y el banco volverá a prestar. Ya no tenemos 20, tenemos 30 pesos. Y así el mercado crea un dinero que en realidad no existe. Si yo voy al banco a pedir mis 10 pesos, probablemente me dirán que debo esperar algo de tiempo para que alguien más ponga 10 en el banco y los míos sean devueltos. Durante el tiempo que el banco tuvo mis 10, logró convertirlos en 100 o quizás más generando capital.</p>
<p>Insisto, es probable que los conceptos desde el tecnicismo estén errados, pero la idea queda más que clara. Ahora imagine esos 10 pesos multiplicados por todos los fondos de pensiones de todos los chilenos. Y las AFPs como esos bancos que “invierten” tu capital.<br />
Las AFPs sustentan la economía en Chile. Le prestan a grandes empresas, a bancos, invierten en la bolsa. Acabar con el sistema significa eliminar el flujo de capitales de toda la economía. Pero más importante que eso, los dineros entregados a las AFPs no están físicamente en las AFPs. No existen. Al ser invertidos en bonos y empresas, el dinero existe sólo en papel. AHÍ ESTÁ LA REAL RAZÓN DEL ETERNO DILEMA GUBERNAMENTAL DE NO ENTREGAR LOS FONDOS.</p>
<p>Incluso si se trata solo de ese 10% por pandemia, hoy las aseguradoras no tendrían cómo responder. Todo nuestro dinero está invertido, son bonos y acciones, y lo que mensualmente entra se utiliza para cubrir esas pensiones indignas de los jubilados y para mantener la ilusión de un sistema sustentado en fondos inexistentes. Igual como Madoff hacía con su estafa Ponzi al conseguir nuevos inversores, solo que aquí los inversores estamos obligados por ley a entregar más plata. Esos fondos que mensualmente llegan en nuestras cartolas, no tienen respaldo, son como un globo lleno de aire.</p>
<p>Casos como el de María Ojeda son, entonces, tremendamente peligrosos para el sistema. Dejan al descubierto esta estafa legal y elegante llamada Sistema de Fondo de Pensiones. Mientras tanto sería interesante saber dónde está la plata y ver si como ciudadanos tenemos alguna herramienta legal para solicitar a la Superintendencia de AFPs una auditoría que nos diga el destino real de nuestro dinero.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Columna: Amasando un Chile en pandemia</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/06/columna-amasando-un-chile-en-pandemia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Gisela Contreras Braña]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Jun 2020 19:10:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Ya llevamos casi tres meses de emergencia sanitaria. Con un par de semanas en cuarentena...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ya llevamos casi tres meses de emergencia sanitaria. Con un par de semanas en cuarentena obligatoria y otro tanto en cuarentena voluntaria. Y nos ha tocado reinventarnos, reconocernos, reconectarnos con partes de nosotros que no recordábamos.</p>
<p>Imagino que a muchos les pasó que la cuarentena nos devolvió a algunos momentos de infancia. A mí, por ejemplo, la obligación de no salir ni siquiera a comprar el pan me trajo el recuerdo de mi abuela amasando en el comedor todas las noches y el olor a pancito recién horneado con el que nos despertaba en las mañanas para ir a la escuela.</p>
<p>Y pensé: Si hay taaanto tiempo libre en cuarentena, ¿por qué no regalarle la misma sensación placentera de pan recién horneado a los míos? Y comencé con la receta de pan amasado de mi abuela. Pero a los tres días se volvió aburrida. Así que probé una receta de pan de molde que resultó muy efectiva por 3 días más. Y sucesivamente seguimos con pan pita, pan batido, masa madre, coliza, dobladas y un sinfín de variedades a la hora de amasar.</p>
<p>Mientras amasaba diferentes variedades descubrí que el pan, sin importar su tipo o forma, siempre tenía los mismos ingredientes: Harina, agua, una materia grasa y un leudante. En mayor o menor cantidad, fuese aceite o manteca, levadura o polvo de hornear, lo que cambiaba eran mínimos detalles que hacían un resultado totalmente diferente.</p>
<p>Entonces descubrí que amasar no es muy diferente a la política en nuestro país: Los ingredientes siempre serán los mismos, son los detalles mínimos de nuestro accionar los que pueden generar resultados radicalmente diferentes.</p>
<p>Y tal como ocurre con el pan, si te gusta siempre el mismo tipo, usa siempre la misma receta. Si te gusta el sistema en que vivimos, si estás de acuerdo con las desigualdades y las falencias tan evidentes durante la pandemia, entonces mantente inmóvil.</p>
<p>Pero si no es así, mira a tu alrededor. Piensa en ese que elegiste para administrar nuestro Estado y, al igual como al pan le agregarías levadura y le sacarías manteca, a ese quítale un poco de su costumbre de asegurar a su partido y ponle algo de sentido común y un poquito de humanidad.</p>
<p>Y si por una de esas cosas de la vida, no encuentras en la oferta ningún pan que te apetezca, entonces inventa tu propia receta. Incidir en el desarrollo de nuestro país no requiere de participar en grandes campañas, basta con cosas pequeñas: Habla con tus vecinos, en una de esas descubres que tiene los mismos problemas que tú y solucionarlos es más fácil si son muchos. Detente un momento y pregunta cómo están las familias de los compañeros de tus hijos, puede que necesiten de ti tanto como tú de ellos y entre todos organizan algo para apoyarse mutuamente.</p>
<p>En definitiva, amasa la realidad que más te agrade y que haga que otros a tu lado se sientan igual de acompañados. Cómo sabes, en una de esas eras tú quien debía cambiar el mundo.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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