Aladdin es uno de los clásicos históricos de Disney. Este nuevo proyecto es parte de la serie de adaptaciones a live-action que la empresa del ratón ha explotado durante los últimos años. Ejemplo de esto son La Bella y La Bestia (2017), El Libro de la Selva (2016), incluso su más reciente fracaso liderado por Tim Burton, Dumbo (2019). Ahora llega esta nueva adaptación con Will Smith encabezando el cast como el genio de la lámpara.
La película desde el primer momento nos hace sentir que estamos frente a una producción de Disney como tal, se siente esa magia especial con sus canciones, coreografías y humor. Presentándonos desde el primer momento su base argumental, Aladdin (Mena Massaud), un ladrón que roba para sobrevivir, se enamora de la princesa Jazmín (Naomi Scott), un amor que sí es correspondido, pero prohibido por normas culturales. Todo ocurre en la ciudad de Agrabah.
Todo bien hasta ahí, hasta que inteligentemente agregan otro conflicto bastante interesante en relación a si la joven princesa Jazmín estaba en condiciones de reinar por su condición de mujer, un tema bastante interesante, moderno y que demuestra que de alguna manera Disney busca deconstruir la clásica imagen de sus princesas.
La historia durante el primer acto funciona bastante bien, introduciendo a los personajes principales. Y ya es aquí donde uno siente que está frente a una real película de Disney, muy diferente a lo que ocurría con Dumbo y la visión oscura de Burton de este mundo mágico. El segundo acto por su parte recibe un golpe de energía increíble con la aparición de Will Smith, interpretando al icónico genio con una personalidad fantástica y denotando una gran diferencia de carisma, incluso con el mismo protagonista. Es en este acto que la película llega a su mejor momento, con canciones increíbles, coreografías y momentos disparatados de comedia que sacan bastantes carcajadas al espectador.
Los problemas sobrevienen en el tercer acto. La película demora bastante en solucionar su conflicto extendido por varios minutos. Lo complejo aquí es que la trama más interesante de la película, la de la princesa Jazmín, cuando viene finalmente su cierre el espectador puede sentirse aburrido y no dar el real valor a su historia, que es lo que realmente importa, porque es una trama diferente, diferenciándose de la típica historia de la búsqueda del poder del simple mortal.
Nuestro protagonista es acompañado por el mono Abu, quien junto al peculiar personaje de la alfombra Roja logran crear una curiosa amistad, sin olvidar al genio, conformando un buen y entretenido equipo que acompañará durante toda esta aventura de Aladdin.
La estética de la película es preciosa, con colores vivos y llamativos que ayudan a adornar la obra, acompañados de la herramienta que quizás más ha usado Disney en esta serie de películas: los efectos por GCI, que en su mayoría se ven bastante bien, son útiles y funcionan. Sin embargo, otros se ven bastante mal. Quizás esto se nota durante la secuencia en la que Aladdin y Jazmin, viajando por la alfombra mágica, interpretan “Un mundo ideal” durante la noche, en donde no se logra apreciar de buena manera este icónico momento.
Finalmente, Aladdin es de esas películas especiales que solo Disney sabe hacer, incluso es quizás la mejor película adaptada del estudio, pasando desde la animación al Live Action. El film sabe conjugar sus mejores cualidades y sobre todo transmitir alegría, con una nueva visión de la mujer y su posición, en este nuevo camino que debe recorrer esta empresa, para actualizar sus historias.

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